Por la vida, por nuestros derechos, por el medioambiente: No a Hidroaysén

de Pueblo Libre, el jueves, 19 de mayo de 2011 a las 9:11

Tras conocerse la aprobación del proyecto Hidroaysén por parte de la Comisión de Evaluación Ambiental de Aysén, con 11 votos a favor, miles de personas han salido a las calles a manifestar su descontento y rechazo. Como organización nos hemos sumado a las protestas y hoy quisiéramos compartir algunos de los motivos por los cuales rechazamos a Hidroaysén y algunas de las visiones que tenemos respecto a la lucha medioambiental.

1. Rechazamos la contaminación y la destrucción ambiental

El proyecto Hidroaysén tendrá efectos destructivos sobre el medioambiente y las condiciones de vida del pueblo chileno. En primer lugar,  la construcción de las cinco represas en los ríos Baker y Pascua, significará el anegamiento de 6000 Ha, la intervención del Parque Nacional Laguna San Rafael y la destrucción de flora y fauna en la zona. En segundo lugar, pese a que Hidroaysén se esfuerza por mostrarse como un proyecto limpio, la construcción y operación de los embalses generará al menos 3 millones de toneladas de CO2, en tanto que las líneas de transmisión producirán al menos unas 9 millones de toneladas de CO2. En tercer lugar, para la transmisión de la energía eléctrica desde las generadoras hacia Santiago, se hace necesaria una línea de unos 2300 km., en una franja de 100 metros de ancho, para instalar 5.750 torres de alta tensión. Esto supondrá generar un corte geográfico en la mitad del país, en una zona de 25.000 hectáreas que incluye Parques Nacionales, ríos, caminos, Zonas Protegidas, humedales, entre otros, lo que provocará un fuerte impacto en el ecosistema y en la vida de los habitantes del sur de Chile.

2. Rechazamos el capitalismo monopólico que saquea nuestros recursos naturales y priva al pueblo chileno de sus derechos

Hidroaysén, proyecto de Enel-Endesa (de capitales italianos y españoles respectivamente) y Colbún (de propiedad de la familia Matte), significará concentrar el monopolio de la generación energética en un 90% en tres grandes compañías: Endesa, Colbún y AES Gener. Las que consolidarán su poder total para manejar un elemento vital para la vida de un país como lo es la energía, control que supone la privatización del uso de las aguas que pertenecen al todo el pueblo chileno.

Nuestros recursos hídricos han dejado de ser un derecho para ser mercancía generadora de utilidades para las grandes empresas de este país. El negocio de la generación eléctrica y sus devastadores efectos sobre las comunidades y el medioambiente, tiene como principal prioridad satisfacer los requerimientos energéticos de las grandes compañías mineras del Norte chileno. Mineras que contaminan el aire, ríos y mares, que secan las fuentes hídricas, que nos invaden con relaves mineros, que matan la economía y formas de vida de las comunidades locales y, que por su fuera poco, gracias y la legislación chilena y a una serie de artilugios, terminan extrayendo nuestros minerales de forma casi gratuita, sin dejarle ni un peso ni a la zona ni al país. Es para el lucro de estas grandes mineras transnacionales que el país se llena de termoeléctricas (que matan la vida y la salud en Tocopilla, Arica y Coronel y otras ciudades) y geotérmicas que destruyen los geisers. Y es para el uso de estas grandes mineras que se construyen grandes puertos privados, que le entregan las llaves de nuestra economía a un puñado de empresarios.

De respeto al medioambiente, a la cultura, al derecho a la vida de las comunidades, a los derechos laborales de los mineros: NADA. Sólo lucro, saqueo y devastación.

3. Los intereses político-empresariales a costa del pueblo

Según La Tercera, un 74 % de los chilenos rechaza el proyecto Hidroaysén, en tanto la Fundación Aysén Futuro indica que el 60 % de los aiseninos está en contra del proyecto hidroeléctrico. Este rechazo se ha hecho evidente con los cientos de miles de manifestantes que han salido a las calles a lo largo del país. Sin embargo, poca importancia ha tenido esto para el gobierno.

El problema de Hidroaysén, y de Patache, Castilla, Isla Riesco, etc., es que son elementos que conforman parte de un sistema que coloca a la ganancia por sobre la vida y el bienestar del pueblo. Este sistema capitalista, en la forma concreta que adquiere en este tiempo histórico, el neoliberalismo, radicaliza esta situación, provocando la más voraz ofensiva en contra de nuestros derechos (a la vida, a un medioambiente limpio, a la salud, a la educación, etc.). El acuerdo político, el consenso fundante de nuestra democracia postdictadura, fue la convergencia en torno al mantenimiento de este modelo económico. La Concertación, la misma que hoy se viste de “verde” levantando las banderas del ecologismo e impulsando el desarrollo de ONGs ambientalistas, impulsó la construcción de megacentrales hidroeléctricas (incluyendo a la propia Hidroaysén)  y de termoeléctricas para darle energía a las empresas que controlan nuestra economía. Y no podía ser de otra forma pues la Concertación no es más que la expresión política de determinados intereses de carácter económico.

El capitalismo requiere energía y los gobiernos que lo representan deben otorgársela, más aun cuando el gobierno es parte del negocio. El cuñado de Sebastian Piñera (Eduardo Morel Montes) es miembro del Directorio de Hidroaysén y los intereses creados han sido más fuertes que la voluntad del pueblo. Las 11 mil observaciones ciudadanas, los 5 Seremis inhabilitados por conflictos de interés, los informes adulterados, han sido detalles en el camino de un proyecto cuya autorización final depende de quienes controlan este país, por sobre la voluntad popular y la misma institucionalidad. Así es nuestra democracia.


El pueblo tiene derecho a rebelarse y a construir su propio camino

La discusión sobre el tema energético debe ir más allá sobre el uso o no de Energías Renovables No Convencionales. Las que por cierto constituyen la forma de abastecimiento energético más limpio y respetuoso con las comunidades en el largo plazo.  Pero esa es sólo una arista de la discusión. El problema de fondo es de quién son los recursos y para qué queremos esos recursos y energías. Podemos tener las energías más limpias, pero que sigan alimentando a mineras que saquean nuestros suelos, destruyen comunidades y explotan a sus trabajadores. El desafío que debe plantearse el pueblo chileno y, sobretodo, las comunidades directamente afectadas, es el de recuperar nuestros recursos naturales y con ellos nuestros derechos sociales, en el camino de la construcción de una alternativa política-económica-ambiental que sea capaz de satisfacer nuestras necesidades sin destruir el medioambiente y la vida. El desafío es recuperar nuestros suelos, ríos, mares, montañas y valles, generar un poder de los de abajo para decidir sobre nuestros recursos y los medios que nos permiten producir para satisfacer nuestras necesidades, en definitiva, nuestro fin último es acabar con este sistema y reemplazarlo por uno más justo igualitario y basado en el poder del pueblo.

Hoy, la lucha ambiental ha sido en buena parte secuestrada por quienes desean hacer uso político de ella, por aquellos que buscan anclarse en conflictos sin la intención de resolverlos y así obtener perpetuamente financiamiento extranjero y por aquellos cuya lucha sólo busca conservar paisajes para poder ir de vacaciones y practicar el rafting o el canopy. La lucha por el medioambiente es parte de la lucha global por la recuperación de nuestros derechos como pueblo. Una lucha que es el propio pueblo quien debe dar. Hoy en día la clase política y los medios apelan mucho a la ciudadanía, como forma de despolitizar y enmarcar dentro de ciertos cauces el malestar popular, pero aun los ciudadanos tienen derechos y deberes. Nuestra autoritaria Constitución establece que tenemos derecho a la vida y a vivir  en un medio ambiente libre de contaminación. Derechos que no están sien respetados y que eligitiman al gobierno. Y, frente a un gobierno ilegítimo tenemos una sola alternativa: el derecho de rebelión. 

Pueblo Libre

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